Michel Lüders, escritor y miembro de la BSW, es una de las pocas voces en Alemania capaz, a través de sus precisos artículos en prensa, intervenciones en radio y televisión y de sus libros (Krieg ohne Ende, 2024), de alzar un espejo incómodo frente a una sociedad fanátizada y alienada que, con la misma complacencia que sus abuelos, asiste a un genocidio promovido y apoyado política y logísticamente por todas las fuerzas políticas parlamentarias de la RFA.
DESMONTANDO ALEMANIA La Mecedura
BLOG DE XABIERO CAYARGA
martes, 13 de mayo de 2025
domingo, 11 de mayo de 2025
De cómo ser un genocida y echarle la culpa a la víctima
De cómo ser un genocida y echarle la culpa a la víctima
Hace algo más de dos o tres años que no escribo. No me apetece. Hago, sin embargo, un pequeño receso para hablar de algo que me ocupa estos últimos dos años y me preocupa. Tras vivir algunos años en Alemania pensaba que conocía, más o menos, cómo era el país y el paisanaje. Aunque mi opinión no era enteramente positiva tampoco era dramáticamente negativa. Mi pensamiento siempre fue: no se puede hacer responsables a los hijos de lo que hicieron los padres, lo mismo que sería equivocado culpabilizar a los padres de los crímenes de los hijos. Desde hace 19 meses observo una sociedad para la que no encuentro calificativo más benévolo que el de deplorable. Y cuando me refiero a la sociedad no me refiero solo al hombre de la calle, sino a todas sus instituciones. Para alguien como yo que pensaba que la Alemania de hoy no tenía nada que ver con la Alemania de los años 30 e intentaba comprender cómo había podido suceder aquello: el nazismo y el genocidio, y que también quería averiguar cómo y cuánto había cambiado realmente la sociedad alemana… toda mi gran experiencia sociológica se ha convertido es un flop. Mi conocimiento del mundo alemán no se reduce solo al contacto con personas en la vida diaria, sino que siempre tuve el prurito de hacerme con una biblioteca adecuada que definía el cosmos que se expresa en lengua alemana desde una multitud de ópticas. ¿Dónde se encontraban las entrañas del alma alemana?
Resultado de mi interés por la cultura alemana fueron muchos artículos y algunas traducciones de pequeños libros y antologías. De esta manera, en 2011, en Campo de los Patos publiqué un largo artículo sobre la literatura en lengua alemana, así como la traducción de una selección de 25 poemas. El último de estos 25 es obra de Wolf Biermann[1].
Biermann¸ ciudadano de la República Democrática Alemana, era un cantautor crítico represaliado por un sistema que prohibía tanto sus actuaciones como la grabación de su música. En 1976 se le retira la nacionalidad alemana de la República Democrática, lo que provoca una ola de indignación a ambos lados de las fronteras alemanas y la solidaridad de un gran número de artistas; como resultado, este se va a vivir a la República Federal. Allí se une al PCE de Hamburgo y con los años, además de continuar con la música y las letras, se irá distanciando del marxismo hasta convertirse en unos de sus críticos recursivos. No tardan en llegar los momentos de cercanía con la CDU, así como la revelación de Israel como patria de adopción y el apoyo a la política bélica de EEUU y la OTAN en Iraq, es decir, a su destrucción.
Hace unos días moría Margot Friedländer, la hasta ahora superviviente judía del Holocausto de edad más avanzada quien había pasado sus últimos años en Alemania advirtiendo a las generaciones más jóvenes del peligro del nazismo; desde el inicio del genocidio en Gaza, su aparición se había multiplicado en multitud de actos y homenajes rodeada de los personajillos más arribistas y sanguinarios de la moderna política alemana.
Como no podía ser de otra manera, esta semana, para rendir tributo a la memoria de la centenaria, se contó con la presencia y actuación de Wolf Biermann, que dijo estas palabras: “Acabo de estar con mi mujer Pamela en Israel y pensé en las palabras que Golda Meir les dijo a los palestinos: Que vosotros hayáis asesinado a nuestros hijos, os lo tendremos que perdonar un día, pero lo que nunca os podremos perdonar es que hayáis obligado a nuestros hijos a convertirse ellos mismos en asesinos”.[2]
La dimensión real de la cloaca moral que constituye los lindes naturales de Alemania se encuentra perfectamente perimetrada con las palabras que los nombres más conocidos de la política, del periodismo, de la filosofía, del mundo judicial y académico han ido vertiendo estos últimos 19 meses para justificar y colaborar en el genocidio del pueblo palestino.
Cierto, aunque en Alemania el apoyo a Israel es prácticamente total, cada persona posiblemente tiene una historia particular.
¿Qué sabemos del cantautor Wolf Biermann? Sabemos que con su esposa Sibylle Havemann, Wolf Biermann tiene un hijo llamado Felix Havemann. Este tras estudiar en Berlín y vivir en Hamburgo emigra a Israel en 2010. Vive con su familia en Ra'anana. Entre 2007 y 2009, se convierte al judaísmo y ahora vive allí como judío ortodoxo moderno[3].
¿Se entiende ahora por qué los israelís se ven obligados a expulsar y asesinar a decenas de miles de palestinos que con su perfidia innata (el propio hecho de nacer) impiden que los hijos del pueblo elegido por Dios (estos nacen donde les da la gana) reciban por fin la tierra prometida?
[1] Campo de los Patos, Saltadera, pág. 186-187, Uviéu
[2] https://x.com/JSNahost/status/1921483114162929756
[3] https://de.wikipedia.org/wiki/Eliyah_Havemann
martes, 4 de junio de 2013
TRAFICO DE CITAS
Tráfico de citas: A propósito de Accidente de Max Frisch y Uwe Johnson (errata naturae)
En 1975 había descubierto la correspondencia que su mujer venía sosteniendo con un amante checo y su mundo se desmorona. Todo lo que creía santo se diluye, entrando en una etapa de depresión, de muerte creativa, hasta caer enfermo. Johnson la acusa de traidora y al amante checo –equivocándose– de delator y agente de la policía secreta socialista. Sin embargo –quizás como otra puñalada–, la gran historia detrás de la historia fascina: Elisabeth, estudiante de Indología, marcha con 26 años un semestre a Praga. Con su tutor allí, Tomislav Volek, historiador de la música, especialista mozartiano, cuatro años mayor que ella y casado, comparte intereses de estudio y, a no tardar, una relación amorosa. Elisabeth regresará tras el semestre a Frankfurt am Main donde contrae matrimonio con Uwe Johnson. Tienen una hija. Pero su relación extra matrimonial pervive en forma de correspondencia. Cuando Volek tiene la ocasión de participar en un congreso en Austria, ella hará todo lo posible por verlo. La policía secreta checa, que sospecha y examina la vida de los otros leyendo las misivas, asigna a una delegada la misión de informar sobre las actividades privadas del académico. Cuando Johnson descubre la vida paralela de su esposa, la obliga a escribir una confesión minuciosa y autoculpatoria, así como a la devolución de las cartas que ella y su amante se habían dirigido, considerándolas patrimonio propio. Para ello no duda en pedir a Anna, la mujer de Günter Grass, que recurra al traductor de Grass al checo, Vladimir Kafka, amigo de Volek, para hacerse con la correspondencia. Al malograrse el encargo, el propio Johnson toma las riendas llamando repetidamente de madrugada al hogar de Volek exigiéndole las cartas. En una ocasión incluso le insulta llamándole mentiroso y agente. Los espías de verdad, que tienen pinchado su teléfono, no son para dilucidar de qué va todo aquel enredo. Elisabeth en un último intento por salvar su matrimonio llama a Volek pidiéndole las cartas a cambio de dinero. Volek se indigna y anuncia que se las regala dejándoselas en casa de la madre para que una tercera persona las recoja, pero supuestamente se adelanta la policía secreta que se las lleva. Cuando Volek, en los años noventa, visita Alemania se entera con indignación por la prensa de que es acusado de soplón de la stasi. Solo le ayudará a limpiar el nombre la puesta a disposición del público de los archivos de la policía secreta.